No hay nadie. Pensé. Subí rápido al cuarto a cambiarme y alistarme con la ropa más ligera que tengo para irme de compras, es un día muy especial para mi y no puedo estar con ropa vieja, me desnudé y me observé detenidamente, recorrí con la mirada cada parte de mi cuerpo, mi torso bien marcado por las estrías de mi gordura adulta, baje con la mirada hacía mi sexo y lo examine poco a poco mientras me alucinaba aquel acto que había sostenido con una desconocida días atrás, me tocaba sin parar, me detuve ante el espejo para mirarme fijamente el rostro, no podía tener ni un barrito en el cachete ni en la nariz, todo debería de estar limpio como potito de bebé.
Ingrese a la ducha valientemente listo para luchar contra el agua fría de invierno, las tuberías enfriarían más el agua y empaparía toda mi desnudez que se confundía con mis manos en un acto de limpiar todo mi cuerpo, el jabón resbalaba mi espalda, mis piernas, mis nalgas, mi pecho, mis brazos, mi cuello, mis huevos y mi sexo que se sumergían en un baño de burbujas y agua, volvía a caer el agua y ahora sí era el momento de terminar, el agua borraba cada paso del jabón y parte de mi suciedad.
Me puse un buzo, y luego un par de zapatillas que estaban rotas y un polo desteñido por las mayoría de veces que lo lavaba a mano. Bajé a la sala en busca de la llave para asegurar que no volvieran a ingresar a mi casa como lo hicieron hace dos años atrás, un día antes de un devastador terremoto al sur del país, aquel día mi casa quedó vacía, todo el esfuerzo de mis padres y parte de mi vida se vio ultrajada por unos desconocidos que se llevaron más que cosas materiales, parte de mi vida.
Ya me encontraba en el carro, iba rumbo al centro comercial más transcurrido por los limeños, donde se mezcla todas las matices raciales, y sentado en el último asiento de la combi iba pensando en lo que sucedería esta noche, quienes vendrían, como lo pasaría, sería el primer cumpleaños sin ella, no estará para que converse con mis amigos, no estará para que ría con ellos y conmigo también, no estará para que me cuide si me emborracho más de lo debido, no estará ahí para decirme feliz cumpleaños y yo pueda mandarle a la mierda como respuesta a su saludo, era lo que más disfrutaba cuando llegaba mi onomástico, que me salude y yo joderla y ella sonreía como respuesta a mi agradecimiento. No soportaba recordar cada momento feliz que pasaba con ella, los juegos infantiles que a mi edad de treinta años es una estupidez, como un cortometraje pasó rápidamente los momentos más felices que pasé con ella en todos los cumpleaños, desde los regalos más inesperados como un juguete que no me esperaba hasta los más simples como ese abrazo caluroso que me recibía cada mañana y claro siempre acompañado con un regalito “Feliz cumpleaños hijo, ya estas vieja, y carajo pásala bien”, me acuerdo su sonrisa que este año no veré y me jode que hoy no estés, es como pasarla por cumplir, y por celebrar.
Camino entre tiendas y gente que no conozco, busco algo elegante para lucir hoy en la noche, un polo y pantalón nuevo, eso es lo único que puedo pedir como un consuelo a todo esto que me jode y no puedo dejar de pensar, encuentro una tienda escondida en Gamarra, veo un polo que me gusta y decido comprarlo, me entusiasmo con un pantalón que me cae muy bien, y también decido abonar un dinero para llevarla a mi casa, y poder lucirla esta noche. Bajo las escaleras que me llevarían a la avenida saturada de personas y en el que de pequeño sostenido de la mano de mi mamá no me perdía, trato de ya no recordar estos momentos, no quiero llorar pero simplemente es difícil dejar de recordar.
Estoy riendo con mis amigos, tomando decenas de cervezas bueno tres cajas es suficiente eso creo, bailo de todo, poco creo, pero aún no bajas, sé que algún momento lo harás, saludaras y querrás tomar conmigo y mis amigos, tratarás de hacer la cena que te sale más rica para compartir con ellos, y subirán hasta la cocina y rebuscaran en la olla como lo hicieron hace años, volverán a reír contigo y tú los tratarás como si fuese yo. Ya son las doce y no bajas de repente estás cansada con todo lo que has hecho en el día pero ni siquiera se escucha el murmuro de tu voz, mis amigos empiezan a cantarme “Happy birthday” en versión salsa y tu no bajaste, te entiendo pero todo solo me lo imagino para sentirte más cerca. Me olvidaba, Feliz cumpleaños.
3 comentarios:
Evita las huevadas sexuales, le quitan estética...claro que es tan sólo mi opinión.
Ta bueno. Al final nos das a conocer que era su madre y no su esposa!
No sé andrés, lo sexual puede ser estético, pero para eso uno debe saber narrarlo.
Disculpa que te lo diga, pero...no me gusta =(
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