
Unos de mis lugares preferidos es el malecón de chorrillos, digamos que este distrito para mi significa mucho, ¿será porque vivo aquí desde que tengo uso de razón?, bueno pero eso es otra historia; cuando me enrumbo hacía ese lugar mágico siempre me agarra la melancolía, la tristeza, la ingenuidad de que en algún tiempo atrás esto fue invadido por unos soldados mediocres y hambrientos de guerra, pero eso también es otra historia; lo que ese malecón me provoca es más que eso, es admiración, es ilusión a que los sueños se conviertan infinitos como ese mar, esas olas que me gustarían que sean helados de vainilla para saborearlo, sumergirme y ahogarme en ese mar inmenso.
Hoy estoy aquí, sentado justo en el malecón, no tengo palabras para poder describirlo, solo que estoy emocionado, si algún día se me pasará por la mente suicidarme, entonces sería en este lugar, en este acantilado, y al caer quisiera abrir los brazos y solo aventurarme a la gravedad , y sentir que estoy volando como esa gaviotas que están revoloteando encima mio, justo ahora.
Al costado mío hay unas bancas en donde unos viejitos, con facha de que hace tiempo no tienen un buen polvo, juegan ajedrez, se sienten alegres, como si eso reemplazara una buena hora de sexo, su alegría es tan contagiosa que me estoy riendo como un loco. Al otro extremo del malecón, en una banca de la era de la guerra, está sentado un hombre, con una gaván negro y una boina que le da pinta de escritor. No puedo sacarle la mirada a ese señor, sé que lo conozco, pero no sé en donde.
Estoy ahora sentado al costado de ese señor, no se ha incomodado por mi presencia, sé que quiere decirme algo pero yo sé que lo conozco, pero no sé en donde.
-Buenas tardes, ¿puede decir que hora es, porfavor?
Me está mirando, con esos ojos, quisiendome decir que quieres de mi, es que yo no quiero nada de usted, bueno sí… no sé en donde lo conozco.
- Son las seis y media de la tarde, ¿Qué haces solo por aquí, muchacho, tu madre debe de estar preocupada por ti?
-Gracias por decirme la hora señor, y bueno mi madre me dio permiso para salir a caminar.
- Entonces vives cerca.
- Sí, solo a cinco cuadras de aquí, por la paradita de chorrillos.
- Bueno, eso debe de quedar cerca.
-Sí, muy cerca. Una pregunta señor ¿yo a usted lo conozco pero no se en donde?
-Pensé que me habías reconocido, y que por eso te acercaste a mí.
-La verdad es que su rostro me hace muy familiar, pero no recuerdo en donde lo he visto.
- Bueno mi nombre es Jonathan Bazán.
(me quede con la boca abierta, sabía que lo había visto en algún lugar, pero no pensé que fuera él, estoy muy asombrado, soy fan número uno de ese señor.)
- Usted es el …. ¿Escritor?
-Quien más puede ser Jonathan Bazán.
-Disculpe señor, es que estoy muy emocionado, no sé que decirle.
-Nada, que me puedes decir.
- Bueno, yo he leído su libro, mejor dicho soy un aficionado a sus libros, desde que escribió “Muriendo bajo la luna” hasta el último que sacó a la venta… “El mundo es una mierda”, tiene unos títulos… muy irónicos…
- Bueno, bueno, basta de adulaciones, gracias por haber leído mis libros, pero dime una cosa…
-Sí diga usted…
- ¿Cuántos años tienes?
- doce años señor…
- Eres todo un niño, y aún así te gusta mis libros, bueno solo me queda agradecerte por tomarte tu tiempo, en leer libruchos como los míos.
- No son libruchos, como usted dice señor…
-bueno para mí sí lo son…
- Me puede decir porfavor… ¿que pasó con Luna?, la muchacha que le mandó un mensaje su celular diciéndole que quería regresar con usted…bueno con julio, que es el protagonista del libro.
- OH, mira tú como te acuerdas de él…¿quieres que te diga la verdad?
- Sí…señor.
- Bueno, Julio si existió, en algún momento de mi vida fui él…
-lo sabia…
-y luna…bueno (él señor miró al horizonte y quiso llorar)
-Entonces luna si existió…
-Sí, como tu lo has dicho, sí existió…hace unos días me enteré que había fallecido en Chile, ella se fue teniendo 18 años…y como te digo me enteré que falleció, y por eso hoy he venido aquí para recordarla, porque es este el lugar en donde la besé por última vez, en esta banca.
El señor miró el océano, y yo lo hice junto con él, y nos dimos cuenta que el sol estaba apunto de meterse… y entonces me dijo..
-Pide un deseo…
-¿Cómo dice?
- que pidas un deseo… se dice que antes que se meta el sol, justo cuando se está metiendo, uno pide un deseo y ese deseo se cumple, hazlo ahora antes que se valla.
- bien, entonces lo haré…
(Los dos miramos fijamente al sol y quedamos en silencio)
- Y que deseo pediste…
- Yo señor pedí que volviera a encontrarme con usted y ¿usted señor?
- Bueno yo pedí que algún día tu vuelvas a realizar lo mismo como yo he hecho contigo.




